Francesc Rius Viviendas en Coll del Portell. 1971

Date: May 27, 2017 Category: Bcn

Fuente: Barcelona 1929-1994: Guía de Arquitectura, ed. Gustavo Gili, p.102 | Arquitectura de Barcelona, Demarcació de Barcelona del Col·legi d’Arquitectes de Catalunya, p.574
Fotografía: Stefano Carlo Ascione

Av. Coll del Portell 52, Barcelona | Francesc Rius Camps | localización

La singularidad de este edificio reside en el alarde tecnológico en el uso del hierro para solucionar la estructura, terrazas, pasarelas, cerramientos y los cuerpos cilíndricos exentos de la escalera y el ascensor.

Además del modelo “dúplex”, en los años setenta se extendió la costumbre de introducir desniveles en la arquitectura doméstica, sobre todo la sala de estar-comedor. La transcripción de estas prácticas a la vivienda reducidas comportó algunos riesgos. Las escaleras estrechas y pinas, los peldaños inadvertibles, los rincones sin uso posible, podían hacerlas incómodas, sin que ganaran en riqueza espacial.

En este edificio, el arquitecto asumió estos riesgos sin conseguir soslayarlos del todo, aunque supiera reantabilizar en la composición de las fachadas esa disposición de las viviendas. La singularidad de este edificio encaramado en la montaña radica, sin embargo, en el material dominante: estructura, terrazas, pasarelas, algunos cerramientos e incluso los cuerpos cilíndricos exentos de la escalera y el ascensor, fueron resueltos en hierro. El resultado, más que derivado de un proceso de racionalización constructiva, debe considerarse como un interesante ejercició de artesanía de lenguaje tecnológico predeterminado.

En el contemporáneo edificio de viviendas de la calle de Galileo, 281-285, obra de Helio Piñón Pallarés y Albert Viaplana Vea (1974-1976), el sacrificio de la racionalidad de la planta en beneficio de su “originalidad” y de unos resultados formales en fachada, anuncia gran parte de nuestra arquitectura en el último cuarto de siglo, actitud de la que estos autores serán paladines.

5 Comments

  • archipicture 05/31/2017

    crazy construction – some nice aspects!

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  • ss 03/02/2014

    Estaria a una llista de bons edificis de bcn, bastant amunt.

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  • mariano 08/31/2013

    un edificio en el que nunca me havia fijado pero ya que lo poneis me dedicare a contenplarlo parece muy bonito

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  • Anonymous 12/27/2011

    Tres temas más: uno, el formalismo teórico de Piñón también ha dado buenos resultados, véase Morella; dos, ¿hay algún arquitecto más racionalista que “el paladín” Rem Koolhaas?; tres, ¿por qué “hic et nunc”? Por qué “no dejarse llevar por teorizaciones y planteamientos abstractos” cuando en Cataluña nadie habla de los planteamientos teóricos de los arquitectos, cuando se habla de arquitectura, pero siempre cuidando que no se hable demasiado por no salirse “del tiesto”? ¿No es Cataluña el paraíso de la práctica pura, y no es también un paraíso lleno de monstruos? ¿No es muy extraño que se insinue que la arquitectura se aleja de “las necesidades” (¿de quién?) cuando aparece “el discurso abstracto”, en unas escuelas de arquitectura y un establishment donde “el discurso abstracto” tiene un lugar absolutamente marginal? ¿No pasa que se es muy acrítico con una serie de conceptos morales clave sin entrar en ver qué quieren decir y a quién sirven? ¿No se ha alejado la ciudad del proyecto y se la ha abandonado en manos de la tecnocracia de unos urbanistas cegados por la estadística y que no sirve en absoluto para evitar que lo peor de los promotores y los ayuntamientos se les cuele por debajo de la manga, a pesar de la palabrería autosatisfecha de aquellos urbanistas “tan competentes” que hace poco corrían por (grandes) ayuntamientos y que ahora corren por las escuelas? ¿No se confía en que la relación del proyecto con la ciudad repose en una serie de conceptos que hay que “respetar” mecánicamente, más que en una verdadera construcción de la ciudad en un tal sitio, cosa en la que incluso por ley el proyectista tiene cada vez menos sitio, sin que pueda intentar quejarse puesto que eso se tacha de “inquietud política y no arquitectónica”? ¿No es raro que en una actividad basada en “construir” el centro del discurso sea la palabara “respetar” conceptos y no, precisamente, “construirlos”, es decir, transformarlos y cuestionarlos? ¿No son más abstractas “la sencillez”, “la honestidad”, “la discreción”, “el confort”, al lado de las muy concretas “inquietudes teóricas” ligadas la vida de la ciudad, a obras estéticas concretas y al trabajo? ¿No hay un gran escapismo respecto a lo cuestionables que suelen ser los programas, disfrazado de profesionalismo? ¿No miramos a otro lado respecto al hecho de que han sido aquellos cuyas “necesidades” tenemos que servir y no los arquitectos quienes han pedido determinados proyectos “inmorales”? ¿No son la mayoría de arquitectos bastante ignorantes en cuanto a temas teóricos, estéticos y sociales?

    Creo que, más que hic et nunc, lo que urge ahora es identificar la contradicción principal de la sociedad en general y pensar qué pinta ahí la arquitectura. Me temo que va más allá de los “alardes estéticos” y que tiene más que ver con la irrelevancia a la que se condena al proyecto en la mayoría de situaciones.

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  • ie 12/27/2011

    ¿Quién ha redactado el texto? Independientemente de las calidades o no calidades de este proyecto, la mención moralizante al proyecto de la calle Galileu me parece un poco extraña – primero, porque no tiene nada que ver con la casa de Francesc Rius; segundo, porque el abanico de la planta es atrevido pero eso no hace que tenga menos sentido; tercero, porque señalar a Viaplana como paladín de un supuesto antiracionalismo es cuanto menos extraño considerando que es contemporáneo del peor Bofill, de los peores discípulos de Aldo Rossi, etc.; cuarto, porque identificar esta postura de “antiracionalidad” es también muy extraño y habría que preguntarse adónde apunta (la lógica de las estructuras de Miralles, por ejemplo, ¿no es implacable? ¿No podría aparecer en cualquier clase de Robert Brufau para esclarecer de una forma bien racional tal o tal esfuerzo o situación?)

    Por otro lado, es pobre que se diga que introducir desniveles puede hacer incómodas las casas “sin que ganaran el riqueza espacial”. ¿No ganaban riqueza espacial? ¿Entonces qué pasa con el Walden de Bofill o con las casas en espiral de Bohigas? ¿Eran tontos? ¿Los ha poseído la falta de moral, la falta de racionalidad y la moda?

    Para acabar, la contraposición entre “un proceso de racionalización constructiva” y “un ejercicio de artesanía” es, cuanto menos, sospechosa. La honestidad constructiva de un Mies o más recientemente un Zumthor, qué es, ¿racionalización? ¿Artesanía? ¿Esteticismo? ¿Qué pensar de las disonancias de Alvar Aalto cuándo lo sacas del supuesto “humanismo” al que lo hemos reducido en Cataluña? ¿Qué pensar del gusto por la contingencia y la radicalidad rozando el absurdo de Álvaro Siza cuándo lo sacas del tópico de estar influído por Aalto y de hacer cosas vagamente vernáculas que, por tanto, serán “discretas” o algo así? Yo personalmente pienso que es la verdadera lección de estos arquitectos. Allá vosotros.

    Es cierto que el formalismo de Helio Piñón ha dado malos resultados (¡sólo hay que visitar la Plaza Europa y ver su torre!), pero en una cosa no se equivoca: esta moral no pinta nada en la arquitectura. Lo que se descuida de decir es que, quienes propugnan esta moral son los que también piden que la arquitectura abandone “las inquietudes” (en favor de la moral del oficio, como se pide en el otro texto, por otro lado lleno de palabras bastante parecidas a una caricatura pedante del “discurso”, que habéis colgado sobre el edificio Frégoli.)

    ¿Será esta moral un eco de la reificación, un primo hermano del fetichismo de la mercancía, una religiosificación del número? ¿Será una interpretación de la difícil relación de la situación actual con los recursos materiales disponibles que en el fondo busca nuevas maneras de justificar la misma ideología, el mismo oficio, cargándole las culpas a los intrusos estetas del “último cuarto de siglo”?

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