Julián de Larrea Basterra | Colegio Urdaneta, Loiu

Date: March 13, 2012

Por Carlos Garmendia Fernández

En esta ocasión me he permitido una pequeña licencia y, saliéndome de la línea de los proyectos que os había enseñado hasta ahora, he decidido mostraros uno construido en Loiu (Bizkaia) en 1968.
Este cambio se debe a motivaciones personales que espero entendáis más adelante, porque estoy seguro de que a muchos de los que ahora frecuentáis este blog les ha ocurrido algo parecido a lo que me sucedió a mí con este edificio.
Apostaría a que más de uno, antes siquiera de decidir comenzar la carrera de Arquitectura, habéis convivido durante años con algún edificio en particular, un edificio que veíais desde la ventana de vuestra habitación, o al que ibais a estudiar en época de exámenes o directamente, el propio edificio en el que vivíais, y lo habéis hecho sin darle mayor interés, sin reparar en cómo era o dejaba de ser, hasta que un buen día, habiendo tomado ya la (hoy en día “dudosa”) decisión de sumergiros en el mundo de la Arquitectura, descubristeis que ese mismo edificio que hasta entonces simplemente ocupaba su lugar, tenía algo especial, que era diferente.
Pues bien, algo así es lo que me ocurrió a mí con mi colegio. Fueron muchos años, exactamente 12, jugando, estudiando, comiendo y hasta durmiendo según la asignatura y el profesor, en unas aulas y unos patios que ya cuando yo llegué, contaban sus años por decenas.
Pero no fue hasta hace un par de años, con la carrera terminada y en pleno proceso proyectual de un centro educativo en Navarra, estudiando cientos de esquemas funcionales de otros tantos ejemplos escolares, cuando redescubrí mi colegio.
Cierto es que ya para entonces tenía la ligera sospecha de que aquellos edificios que a más de un compañero le recordaban a una cárcel, estaban bien pensados, pero una vez comencé a estudiar con más detenimiento el proyecto fue cuando fui consciente de su calidad.
Dejando a un lado las posteriores y poco afortunadas ampliaciones que se han llevado a cabo en el conjunto de la parcela, el proyecto contaba en un inicio con 3 partes diferenciadas; una destinada al sistema educativo (aulas, salas de profesores, biblioteca…), otra que incorporaba la residencia de la comunidad, el comedor y una iglesia que jamás se llegó a construir y una última destinada al polideportivo (olvidado también durante la obra y construido años después reconvertido en aulario).
Fotografías aéreas del estado actual
La primera parte del conjunto, la más extensa y representativa, contiene como he dicho el programa más importante de aularios, y se conforma mediante un eje principal comunicador de fantásticas proporciones (proporciones que estremecerían a más de un promotor actual) del cual cuelgan 5 brazos de aulas. Cada brazo se confecciona con un sencillo esquema de pasillo en su lado norte y aulas en su lado sur, rematando el volumen con los aseos y una escalera.
Exteriormente, cada bloque se eleva del terreno creando debajo de él una zona de porche (muy útil dado el clima), con una fachada más ciega compuesta por un interesante ritmo de hendiduras verticales en el lado del pasillo y otra mucho más permeable del lado de las aulas.
Estos volúmenes a su vez acotan las pistas deportivas y espacios de juego en general.
Edificio de aulario
En referencia a la segunda parte, situada en la zona norte del solar, cabe destacar la notable ausencia del que estaba concebido para ser el elemento principal del conjunto: la iglesia, pensada para presidir la entrada al colegio, no pudo ser construida por motivos económicos, restando cierto sentido al esquema global del proyecto.
Como resultado, un bloque residencial con habitaciones en ambas fachadas unido al volumen de comedor, un edificio con cubiertas alabeadas e iluminado por un patio central de gran calidad espacial.
Fotografía del edificio comedor (1972)
Residencia
Estos 2 elementos conformaron el estado inicial del centro educativo en 1970 y hoy en día todavía suponen el núcleo funcional del mismo, un ejemplo de Arquitectura atemporal y firme, que ha sobrevivido a más de 40 años de uso continuo sin necesidad de arreglos ni adaptaciones y que después de sufrir las carreras de infinidad de niños de varias generaciones se mantiene tan elegante y escultural como el primer día.

No me gustaría terminar este artículo sin hacer mención a Julián de Larrea Basterra, Arquitecto por la ETSAB cuando ésta todavía se encontraba en plaza Universitat, cuando el número de alumnos por promoción era tan distinto al actual (17 en el caso de Julián), cuando la Arquitectura era más tranquila y meditada, como él, que a sus 86 años no ha encontrado la más mínima objeción en perder su tiempo rebuscando los planos originales de este proyecto (una maravilla por cierto) ni en contarme cómo fue todo el proceso del mismo con todo tipo de detalles y anécdotas, sólo me queda pues, darle las gracias.
Planos originales de proyecto
Fotografía aérea durante la obra

 Fotografía por Carlos Garmendia


9 Comments

  • Aitor Aizpuru 08/03/2017

    Un saludo a Julian Larrea, no se si se acordará de Aitor Aizpuru, que soy yo, pero reconozco a todos y cada uno de los nombrados en su escrito. Aunque yo estaba un curso por debajo, tambien lo inauguré y recuerdo el “shock” (posiivo) de pasar de San Jose en la calle Iparraguirre a Urdaneta, pasar de lo viejo a lo nuevo, de lo disfuncional a lo funcional de su disposición, de lo angosto a lo amplio y generoso de sus espacios, de la penumbra a la luz de sus pasillos, de poder utilizar de ese espacio amplio y luego supe que espacialmente precioso increible que era el comedor (aunque siempre odie las bandejas de aluminio, puaj).

    Soy tambien arquitecto, y estuve muchos años desconectado de Urdaneta hasta que mi hijo empezó a estudiar tambien alli. Y volvi a sus pasillos y galerías, a sus patios, a la recepcion y zona de residencia, y me sorprendió su magnifica vejez (los gresites de los pasillos estan casi perfectos despues de…….44 años!!!) .

    Y tambien me llama la atencion la torpeza de las ampliaciones, de los nuevos elemento no originales (bachiller, parvulos, polideportivo) . Pero quedémonos con la magnifica idea original de Larrea, por cierto un magnifico arquitecto que debería ser mas conocido.

    Aitor Aizpuru, arquitecto

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  • JULIAN 04/14/2015

    JULIAN LARREA -HIJO- PERTENECI AQUELLA GENERACION Q INAGURO URDANETA. EMOCIONALMENTE LOS RECUERDOS SE AGOLPAN EN INFINIDAD DE NOMBRES Y SITUACIONES Q GUARDO CON CARIÑO EN LA MEMORIA……DESDE JORGE GARBISU…JOSE AREITIO..EL INDOMABLE IÑAKI EGOZKUE…..ALEJANDRO ANDICOECHEA….EL HOY POLICIA MUNICIPAL DE LUJUA-BILBAO ASTOVIETA……LARRAZABAL Q NOS MARAVILLABA CON SU ZURDA….AQUELLOS AGUSTINOS…WIGBERTO…BASILIO..NARRO…ANGEL…..COMO LA MAYORIA DE VOSOTROS YO NO SOY ARQUITECTO,ESTUDIE LEYES Y HOY DIA MI MUNDO SON LAS ANTIGUEDADES….A PESAR DE ELLO SOLO PUEDO AFIRMAR Q MI PADRE TRABAJO CON MUCHA ILUSION ESFUERZO Y PASION EN AQUELLA OBRA Q A SU PESAR NUNCA PUDO TERMINARLA CON LOS PLANOS Q DISEÑO EN SU VIEJO ESTUDIO DEL Q HOY EN DIA A SUS 90 AÑOS ACUDE CADA DIA

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    • Iñaki Gabikagogeaskoa 04/29/2016

      Debes de estar orgulloso de tu padre, yo vivo en un edificio que hizo el aquí en la calle Virgen de Begoña del barrio de Begoña, es una casa de estilo inglés preciosa, y cada vez que llego a casa observo el maravilloso edificio que diseñó tu padre. La verdad es que sería una ilusión conocer a tu padre y poder hacer una foto de los planos del edificio que compró mi aitite en el 71 construido por Ariazar.

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  • Ernesto Cardenal 06/23/2013

    Yo estuve en ese colegio durante 6 años (de hecho fui de los que lo estrenaron). Jamás tuve la impresión de que fuera una “carcel”.

    Disfruté enormemente de los espacios cubiertos bajo los pabellones,. de los espacios descubiertos entre pabellones, del espectacular comedor. Todo hecho a una escala adecuada para que los miles de alumnos pudieramos deambular por aquí y por allá sin sensación de agobio.

    Recuerdo muy gratamente las cristaleras de colores en los pasillos, que en determinados momentos del día daban un aspecto mágico.

    No puedo hablar por el resto de compañeros, pero creo que sí sabiamos apreciarlo en su justa medida. Al menos la función la cubría correctamente

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  • jesús 03/16/2012

    muy interesante lo que Francisco Fernandez apunta.

    no nos “maleducamos” cuando nos formamos en arquitectura? es la cuestión del elitismo.

    es posible que un niño (al margen de los buenos recuerdos de entre los pasillos pero eso es la nostalgia) recuerde el colegio al que fue como un paraíso?
    http://www.youtube.com/watch?v=H8uM4yDUfIU&feature=relmfu

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  • Carlos Garmendia 03/14/2012

    Es un tema interesante para discutir, pero no deberíamos obviar (como ya ha insinuado el 2º comentario) que esos calificativos de los usuarios muchas veces se limitan a aspectos estéticos (no funcionales ni estructurales) y como tales, totalmente subjetivos.

    Del mismo modo creo que no estamos hablando de opiniones enfrentadas, como niño (sin los conocimientos posteriores de los que hablamos) no valoras las características arquitectónicas como tales, pero sí que disfrutas intrínsecamente de cada espacio del proyecto (yo lo hice sin tener ni idea de si el proyecto era bueno o no), no eres capaz de reconocer el porqué, pero eso no implica que no aproveches esas cualidades.

    Esto que comento vale para este caso en concreto, no quiero generalizar, y creo que va muy relacionado, como he dicho, a aspectos estéticos, sé por experiencia que a casi ninguno de mis excompañeros les parece un colegio “bonito” (a mí sí, pero ahí sí que entran a jugar esos conocimientos adquiridos con posterioridad), pero será difícil encontrar a alguno que no guarde buen recuerdo de los pasillos, las aulas o los patios porque eran espacios adecuados para cada una de sus funciones, y eso no lo sabíamos entonces, pero tampoco nos hacía falta.

    Un saludo y gracias!

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  • francisco fernandez 03/14/2012

    Yo personalmente soy de la opinión que la arquitectura debe ser para sus habitantes, usuarios, o como quiera llamarse. Si el colegio en su momento se sentía como una cárcel, entonces tal vez venía de un visión demasiado encumbrada de la arquitectura que nunca caló entre sus jóvenes ocupantes. Posiblemente esta pieza arquitectónica, que me parece un interesante elemento arquitectónico, lleve consigo la trágica carga que muchas veces a llevado a la arquitectura a naufragar en aguas tranquilas, que subyace, esencialmente, en la incomprensión de un rol que va más allá de sí misma. Así como no todos al mirarnos una uña observamos un órgano vestigial constituido esencialmente por queratina, como lo vería un médico; tampoco podemos pedirles a todo el mundo que perciba la arquitectura como lo haría un arquitecto.

    Un saludo por la buena arquitectura.

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  • Anonymous 03/13/2012

    magnífico escrito, pero entonces…cual es la opinión importante, trascendente no para la arquitectura, sino para la vida, la generada por el niño que vivió en esa escuela, o la generada tras estudiar conceptos y teoría al respecto posteriormente? Es una pregunta que yo mismo me hago, me ha sucedido que edificios que antes no valoraba, tras estudiarlos en la carrera sí lo he hecho. Hablo de qué es lo importante, lo vivido o lo aprendido? El niño o el hombre en este caso. Pienso que la arquitectura, no puede ni debe depender de elementos de apoyo o refuerzo, porque la arquitectura ha de transmitirlos isofacto. Obviamente la inmadurez de un niño imposibilita su noción al respecto de elementos funcionales, estructurales, y un largo etc…pero sin hablar directamente sobre este caso, creo que el debate se refiere a aquel que gira entorno al arquitecto y que le enfrenta en su día a día en su práctica a los no arquitectos. En fin, gracias por este post.

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  • Anonymous 03/13/2012

    Urdaneta! Yo también pasé por sus aulas y, efectivamente, no me dí cuenta de lo buen proyecto que era hasta unos años después de empezar la carrera.

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